Nuria enciende el móvil el lunes en el aparcamiento. Doscientos mensajes.

Cuatro días fuera. Los primeros en tres años.

Dos presupuestos esperando su firma. Solo ella podía decidirlos.

Una visita que nadie hizo. «Eso lo lleva ella».

Y un cliente enfadado. Llamó dos veces y no encontró a nadie.

Nadie la sustituyó esos cuatro días. No hubo mala intención.

La empresa no se organiza por lo que hay que hacer. Se organiza por lo que Nuria recuerda.

Lo que no pasa por su cabeza se cae. Y como todo se cae, todo pasa por su cabeza.

Nadie lo arregla, y no por dejadez. Arreglarlo suena a cambiar la forma de trabajar de seis personas.

Además, mientras todo pasa por ella, todo va rápido. Ese es el engaño. Funciona hasta el día en que ella no está.

No hace falta un plan grande. Hace falta que cada cosa tenga nombre y fecha antes de que ella se vaya.

Con las tareas repartidas, cualquiera ve lo pendiente. Sin preguntarle a ella.

Nuria deja de ser el tablón de anuncios. Pasa a mirar el tablón.

La prueba es sencilla. Los días que no está, la empresa sigue decidiendo. Ella lo comprueba desde el móvil en dos minutos.

No desaparece el trabajo. Lo que desaparece es ser la única que sabe.

Y se monta en cuatro gestos que ya sabes hacer

Abres TasksBOT y escribes lo que hay que hacer, como se lo contarías a un compañero

Le pones a cada tarea una persona que responda de ella y el día en que tiene que estar

Compartes esa lista con el equipo

Y cada uno mira lo suyo sin preguntarte a ti

¿Cuánto tarda tu equipo en notar que no estás?

Más historias así, en el blog. Y en Precios están los planes y cómo empezar.


Problema: Todo pasa por mí  ·  Solución: Cada tarea con su dueño y su fecha

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